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Rubén Derlis poesía

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Más abajo, en orden cronológico, aparecen diversas apreciaciones acerca la obra póetica de Rubén Derlis. Los menú desplegables  remiten directamente a  nombres y títulos.  

            La utilización del menú desplegable es muy simple. Con un  clic en la flechita lateral se abre la ventana y allí elige el ítem correspondiente, lo pinta con el botón izquierdo del mouse, y luego acciona del mismo modo sobre la tecla gris que está debajo. Este primero lista los nombres de personalidades, por lo común ligadas a la literatura, pero también a otras artes, como la plástica.

 

          Este otro menú desplegable tiene un listado con los títulos de los poemarios, en orden cronológico. Proceda de la misma forma que la indicada más arriba, eligiendo el correspondiente y pintándolo con el mouse. Luego, un clic en el botón gris que está debajo.

 

 

OPINIONES, JUICIOS, APRECIACIONES & CRITICAS

 

Tonos neutros (1959)

Recibí su libro de versos Tonos neutros. Lo leí. Creo que le será fácil comprender que a una persona como yo, acostumbrada desde la infancia a comenzar los párrafos con mayúsculas y a respetar las leyes de la puntuación, una obra como la suya, que inicia las estrofas con minúscula y hace tabla rasa de la puntuación, le tiene que resultar extraña. [...]  También no le costará mucho comprender que aquel que se formó con la poesía de 1900 para atrás, en que las reglas del verso eran respetadas con la mayor fidelidad y constituían la base de la arquitectura de la poética, las tendencias modernas, con sus licencias y desafueros, no le pueden resultar familiares. Imagínese lo que le pasaría a un hombre que estuvo viajando durante cincuenta años en un tranvía  tirado por caballos, si de repente se lo obligase a viajar en un avión a chorro. Eso es lo que me pasó a mí literariamente con su libro. De cualquier manera, no se me escapa que usted posee una inteligencia sólida, aunque no del todo accesible, muy superior a su edad. Que es, asimismo, dueño de una gran riqueza espiritual. Elías Castelnuovo.

De mucha experiencia sutilmente sentida y de mucha virtud evocativa, son Rubén Derlis, sus versos de Tonos neutros. Le agradezco me haya brindado el provechoso placer de conocerlos. Cordialmente, Enrique Banchs.

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Aries doce (1961)

De Tonos neutros a Aries doce hay dado un paso muy grande en tan poco tiempo, adquiriendo lo subjetivo una tonalidad real y punzante para dejar el mundo en donde se desenvuelve su yo, perfumado de una idea avasalladora y gigante. [...] Sus poemas repiten cosas que he sentido y que siento, y sugieren otras que sin duda sentiré algún día al vibrar con sus palabras. Lermo Rafael Balbi.

Las citas de Paul Eluard, de Yeats, de Raúl González Tuñón y de Pedro Salinas, muestran el eclecticismo estético  de un poeta abierto a diversas admiraciones. Esa amplitud se advierte también en la posición de Rubén Derlis ante el mundo, el hombre y las cosas. Todo en este intenso libro es contemplado con mirada que quiere ser comprensiva, que quiere recoger este gesto, escuchar esa confidencia, responder a aquel llamado, acentuando tales movimientos con la solidaridad más íntima y delicada. La angustia del contorno halla eco aquí en la del espíritu que canta y afirma la verdad de su propia existencia. Los modos de tal canto y tal afirmación son libres y, a veces, deliberadamente desordenados. Hay, sin embargo, una resuelta unidad de emoción en cada esquema. Sobre esa base se apoya la voluntad de Rubén Derlis, a fin de traducir de manera más fiel, sentimientos como los que se perciben en “Solo y de pie sobre los días”. [...] No obstante su falta de puntuación, el texto se sostiene, tal vez a causa de la subordinación constante al tema que tiene en vista y de su fidelidad a una forma que no se ve, pero cuya existencia presentimos baja las cálidas y turbulentas palabras. Aries doce no es una obra definitiva, pero merece ser leída con atención. La ha escrito un poeta con voluntad de expresarse. Sin firma, en La Nación, Buenos Aires, 1962.

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7 poemas verticales (1963)

Limpia expresión de su joven aliento de la poesía, en la que asume los riesgos de un lenguaje que conjuga la transparencia de un decir directo con la aventura expresiva de los grandes experimentadores de nuestra época. Espero seguir recibiendo de usted nuevas y seguras pruebas de esa “lenta obsesión” que es la esperanza de comunicarse con los otros con lo mejor de sí mismo. Un saludo muy cordial de Raúl Gustavo Aguirre.

Estimado poeta: muchas gracias por el envío de su libro 7 poemas verticales y por su cordial recuerdo. Lo he leído con la prontitud que exige su breve contenido y me dispongo a releerlo con más calma. Lo felicito por su trabajo y le deseo sinceramente que sus poemas tengan la repercusión que se merecen. Con toda amistad, Nicolás Olivari.

Hemos recibido tu libro. Cautelosamente primero entramos en sus versos, pero inmediatamente todo fue un desborde de entusiasmo. Tu poesía nos atrapó. Estamos sedientos de buenos poetas y realizaciones como la tuya nos parecen muy valiosas. Ya tendremos oportunidad de conocernos personalmente. Hasta entonces, o antes, o cuando quieras. Nosotros ya queremos. Por la revista Actitud,  Oscar Barros.

[...] Me gustan; más, me parecen perfectamente equilibrados dentro del tono que escogió, de sencillez emotiva, humana. Es curioso, de los libros de poesía argentina que me llegan últimamente, encuentro que a pesar de diferencias estilística, etc., hay un marcado tono de escuela en el sentido de que parecen los poetas compartir ciertas esenciales actitudes humanas. No me refiero a la política, sino a la búsqueda de la solidaridad frente a un mundo difícil, para decir lo menos. Ojalá y todos los hombres de este mundo se tomaran la mano para formar esa cadena de la que usted habla. Frank Dauster.A otra opinión del mismo

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Sed natural (1965)

Me sorprendió la llegada de su libro Sed natural, que leí –y releí– de un tirón. Me sorprendió su poesía clara, nueva sin novelería, sensual sin pornografía. Oscar Echeverri Mejía.

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El fuego compartido (1967)

Estimado compañero y amigo: A través de los compañeros Celia Birenbaum y Manuel Oscar Matus, integrantes de la Delegación Argentina al Encuentro de Canción Protesta, recibimos con gran alegría y profunda emoción el libro El fuego compartido, [...] que usted a tenido la amabilidad de dedicar al pueblo de Vietnam. Este libro, y sobre todo los sentimientos que conlleva, constituye sin duda alguna una hermosa expresión de solidaridad y la amistad combativa entre nuestros dos pueblos. Ya lo haremos llegar a Vietnam del Sur, y de seguro representará un poderoso estímulo para los hombres y mujeres de Vietnam que hoy luchan sin llanto ni desesperación –como muy bien ha dicho usted en sus poemas– pero sí con tremendo heroísmo y profunda convicción de su victoria final contra los agresores yanquis y por la salvación nacional. En nombre del pueblo de Vietnam del Sur le enviamos la más honda gratitud. [...] Deseámosle buena salud y muchas felicidades. Afectuosamente, Huynh van Ba, Misión diplomática del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur en Cuba.

El fuego que Derlis comparte es múltiple; por lo menos, tripartito: el de la palabra, el del amor, el de la certeza. Una hoguera consumidora que exige expresión, que se trasfunde en amor y templa la certidumbre de su extinción final. Y esa llamarada tremenda es Vietnam; es el napalm, los hogares incendiados, y la brasa incandescente de la guerra. Pero es también calor humano de la solidaridad y la lucha, de la pasión colectiva de un pueblo en armas, la suave tibieza de un beso que se siente como robado (¿por qué?) a la conciencia vigilante del drama vietnamita. El fuego poético de Derlis se trasmuta en cólera escueta y martilleante; poesía de acusación y de pelea, de compromiso dolorido y resuelto, es casi poesía-manifiesto. La dimensión de su grito y exhortación está dada por la intensidad explosiva del sentimiento: ni versión épica de largo alcance y visión panorámica, ni simple cartel de protesta exaltada. Sino vibración sentida y viril ante un suceso que no puede dejar de conmover y movilizar el espíritu del hombre, pues de él dependen, en enorme medida, la paz, el futuro, la felicidad, y también, por supuesto, la sosegada dulzura de las cosas de todos los días, y ese lujo impar que se llama tranquilidad de conciencia. M. F., en revista Cuadernos de Cultura, Buenos Aires, 1968.

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Ordenar la vida (1968)

Mi querido amigo: [...] Puedo decirte que es, del principio al fin, lo mejor que has escrito. Hay humanidad, hay sangre. También un creciente dominio técnico, la expresión mediante la imagen original, la concentración. Es decir, elementos que yo busco deliberadamente desde hace años. La poesía se da de dos maneras: analíticamente y sintéticamente. La primera “explica” la imagen, es decir la agota; la segunda “es” la imagen, y la participación del lector significa nada menos que el esfuerzo de comprender desde sí mismo, vale decir, volver a crear. De ahí que sólo el verso apretado puede estallar, activándose en otro ser. Claro que únicamente el que lo intenta puede saber lo que cuesta. Un abrazo, Ricardo Egles.

Me siento el “amigo” de su poema homónimo. Junto con usted he caminado en su libro “hasta la alborada” para estar “al acecho del sol”. Celebro la bienandanza de mi andanza, con etapas tan bellas como “aniversario”, “la tigresa” y “suicidio en el hotel pensión”. Y, más que nada, porque siendo yo urbícola a fondo me complace que usted también lo sea. Por eso me gusta  Ordenar la vida. Por ser la obra de un urbícola que cultiva mi ciudad; que adorna sus calles con ensueños y escande con pasos reflexivos la poesía de mis trayectos. Juan Filloy. A otra opinión de este poeta.

A Rubén Derlis, la ciudad, la gran urbe, se le implanta con su poderosa cargazón de múltiples facetas. Parece ser que el principio es esa aferración al ámbito ciudadano lo que surge primeramente de su poesía. Pero, sin embargo, hay una asimilación de ese plano principal dada a través de todas las facetas vivenciales del hombre. [...] Fundamentalmente, hay una actitud vital que ha descubierto una cierta alegría de cosa nueva, una cierta felicidad del descubrimiento de vivir, evidenciado desde los grandes procesos del alma hasta las minúsculas veredas de los parques. [...] Formalmente, la poesía de Rubén Derlis se abre hacia perspectivas de riqueza inaudita, de rápida plasticidad, de exigencias poco comunes. En resumen, una voz para tener en cuenta, no sólo por ese firme y decidido optimismo de lo vital, sino porque vale por sí misma para representar la joven poesía argentina. Sonia Leonhardt, en Libros al día, LT 10 Radio Universidad del Litoral, Santa Fe, 1969.

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Contraimagen (1968)

Me gustó realmente el nuevo uso de la imagen. Aun más, la plena apertura hacia el ámbito poético. Pienso que la poesía es un universo dentro del universo. La materia de ese universo es la imagen. Imagen en oposición a concepto. La imagen es la única posibilidad de con-moción inmediata. “Espejo frente a espejo” (Infinito); “Sobre el muro agrietado / trepa una enredadera” (Edad); “La hora de la siesta / inundaba de luz los naranjos” (Infancia), son profundas incisiones en la realidad. Sólo la imagen otorga la máxima brevedad en la expresión, y pienso que se es tanto más poeta cuanto más se economiza el lenguaje. El problema está, entonces, en procurarse la imagen justa, y sólo la emoción puede determinarla. Esa es la clave: la emoción del mundo, o, en otras palabras, vivir el mundo. Para ello es necesario disponer de la libertad más profunda, y detrás de la libertad, como su contraluz, la conciencia. Schopenhauer dijo: “El poeta es el hombre universal”. ¿De qué otro tipo de hombre puede decirse lo mismo? Ricardo Egles.

[...] Esta brevedad es enjundiosa. Y hasta sus blancos –como los que utilizara Jean Cocteau y Alberto Hidalgo– necesarios para la larga medulación que recaba la lectura de uno y otro poema. En realidad la síntesis poética llega en Contraimagen a la quintaesencia del diamante. Ni más ni menos como en el haikai y la tanka se condensan en pocas sílabas sesenta siglos de civilización heroica y sonriente de Japón. [...] Se verá que no son versos larvales. Sino gotas para instilarse en el espíritu. Porque constituyen una higiene meritoria para conjurar la literatura difusa, confusa y profusa que nos abruma. Juan Filloy, en el diario El Pueblo, Río Cuarto, Córdoba, 1968.Un comentario más del riocuartense.

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Indagaciones (1969)

[...] Mis palabras no significan una presentación, sino un saludo. Porque en momentos en que algunos jóvenes caen en lo que hemos llamado “retórica de la declamatoria nerudiana” y en su afán de realismo directo buscan la salida hasta en la oda a una papa, y en momentos en que algunos otros jóvenes escapan totalmente a la realidad acumulando palabras sin decir nada, cortando prosa en forma de verso, es saludable consignar la presencia de un grupo, si no muy numeroso ciertamente importante, de jóvenes que como Rubén Derlis, y cada cual a su modo, saben hallar el equilibrio, la manera lúcida de dialogar con su tiempo. Ese equilibrio supone el sutil enlace entre las sugerencias del mundo visible y las de la propia imaginación, lo objetivo y lo sujetivo. Y saben, como sabía Tristán Tzara,  que la poesía es “una manera de vivir”. [...] Saludo la ardiente convicción del autor, su sentido de la libertad de la forma (sin desdén por el canto, ese canto cuyos matices no deben confundirse con el sonsonete típico de cierta tónica lugoniana), y su poder para dotar a esa forma de un contenido que trasciende la intimidad creadora y busca la comunicación. A ello tiende todo poeta auténtico, pero él aclara: “Por eso quiero una poesía de todos / y sé con sangre y hasta el grito / que duele no lograrla”. Otros versos suyos: “Mis ojos están llenos de distancias / Me duele la mirada si no existe horizonte / Mis zapatos se mueren de caminos / Quiero andar por mi tiempo a intensas sacudidas”, sintetizarían la actitud humana esencial y la intención lírica pura que caracterizan al poeta. Raúl González Tuñón.

Le agradezco muy de veras el envío de sus Indagaciones. [...]  Ahora puesto frente a su libro, encuentro en él una afirmación segura de su voz de poeta personalísimo y un ascetismo poético que no rehuye sin embargo, como bien lo subraya González Tuñón, la capacidad para el canto. Encuentro en sus poemas una formidable capacidad de síntesis, una consubstanciación con los dolores del hombre contemporáneo muy alejada no obstante de la facilidad del panfleto y una exaltación de la esperanza, vital, auténtica, efectiva, nada panglossiana, muy metida en la realidad “que no miente nunca”, como usted dice acertadamente. En ese sentido, su poema XVIII me parece uno de los más completos de Indagaciones. Lo felicito por su libro, cuyo envío le agradezco verdaderamente, no sin antes lamentar que en la dedicatoria haya tenido la mala ocurrencia de llamarme señor. Creo que hace mucho rato que en este país no soy un  señor... Cordialmente, Héctor P. Agosti.

[...] Da questo fondale si esprime il credo poetico di Rubén Derlis: “Vivere il zapore di tutte le altezze e di tutte le profondità... ma sulla terra e con gli uomini” (VII). Si tratta di un solo discorso lirico articolato in ventiquattro séquense ch’è insieme confessione, programa e mesaggio. Il discorso si allarga e si contrae, i versi divengono tappe dichiarative della continuità del suono, la intensità della partecipazione è constante e senza fratture. Un esempio di fecondità delle contrapposicizioni: “Cuore, ripeto il pensiero / nella speranza che invade / il mio serrato / nella poetica notte./ Legata al verso è la mia / ansia di ritmo puro. / Ma devo ricevere il tempo / ora e inondarmi di sole / e bere il giorno per me stesso”. Carlo Gentile, en el diario Voce del Popolo, Taranto, Italia, 1970.

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Crónica del fugitivo amor (1969)

“Ya nunca habrá un encuentro. / Por eso mi amor toca / los duros contornos del exilio / con finísimas manos de neblina”. Este poema de Rubén Derlis es un racconto de amor; momentos tristes, felices..., recuerdos, sensaciones, desfilan a lo largo de las páginas. El tiempo es un factor fundamental en el poema; es el tiempo fugitivo, que por momentos está y luego desaparece. [...] Hay buen dominio del verso libre que adapta admirablemente a ese algo huidizo que persiste después de la lectura. Carmen P. de Brizzio, La Prensa, Buenos Aires, 1970.

Forman el libro unos veinte poemas breves, esquemáticos, de fino trazo. Son algo quintaesenciados, natural logro de un magnífico poeta, como lo es Rubén Derlis. [...] Aquí, en esta obra, glosa el paso del fugitivo amor, en concepciones líricas muy originales, imágenes puras en las cuales se percibe el latido emocional, intenso. El tema amoroso –tan manoseado por los poetas– adquiere en los versos de R. D. nuevos perfiles. Cada poema tiene luz propia y aliento muy personal. Sin firma, en revista Azor, Barcelona, España, 1972.

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Otros límites (1970)

Otros límites me parece un libro personalísimo, inmediato; “Visión secreta e íntima de Amalia”, por ejemplo. U otro retrato formidable de mujer, “Débora”. Aunque la parte que más me impresiona es la tercera, con sus oscuras cavernas y noches infinitas. Es una linda tentativa de expresar esta pesadilla de vivir, ser, recordar, ser absorbido. FRANK DAUSTER. Hay más.

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Con humana voz (1970)

Sus poemas de Con humana vozmi estimado amigo y colega Rubén Derlis– se llevaron bien de entrada con mi sensibilidad. Ese lenguaje ceñido y depurado de sus creaciones me revela un íntimo enlace con la poesía o con su búsqueda, pues todos los que la intentamos con el respeto que se merece como la más alta forma de expresión que haya inventado el hombre, sabemos de sus terribles incertidumbres y de la imposibilidad de sus claves, que nos sobrepujan. Pero esto es de poeta a poeta, algo confesional. Está también lo que importa: el lector al que usted se dirigió y que le aseguro, encontró. Ese lector, yo en este caso fortuito, sintió que sus poemas tenían mucha certeza, que conseguían apresar lo fugaz que hay en toda concepción poética. Por otra parte ha sabido decantar muy bien sus modos de expresión y tornarlos estrictos. Todo surge muy limpiamente en el uso de su mejor y más perdurable voz humana, Rubén Derlis. El más cordial de los saludos: Ulyses Petit de Murat.

Hace unas semanas, mientras reacondicionaba mi biblioteca [...] se desplegaron ante mí sus poemarios y volví a admirar la creciente “perfectiva” perfección de su estro, mientras me asombraba la asiduidad de su creación y la persistencia de su sacrificada actitud de creador. Ahora recibo Con humana voz [...] y observo otra etapa de ese proceso, en la cual con menor aparato suntuoso, sus poemas aparecen más desangrados, en tensión humana de lo próximo o de lo cotidiano. [...] Quiero felicitarlo por esta religión del poema que usted profesa tan cabalmente. Un saludo cordial de su atento y seguro servidor, Raúl H. Castagnino.

Usted es de los poetas que buscan dar la poesía de quienes “cantan para adentro”, como decía un paisano de mi tierra. Sin gritos ni proclamas ni malas palabras; sus poemas vuelven insinuándose con el acento de aquello que es vital y humano para el hombre. Gerardo Pisarello.

Sus poemas de Con humana voz son la transmisión  –en alta fidelidad con la realidad actual– de ese fulgor extraño que es la instancia poética. Fulgor que resume angustias, hastío, desesperación, dramas, impotencias, absurdos, memorias, impulso y terca y renovada esperanza. Es un grito de fe, son vivencias íntimas –vivencias que participan de lo colectivo, de lo histórico– para transfigurarse en voz lírica. Hay además belleza de imágenes. Hallazgos. Como ser “uno tiene un costado a la intemperie”, o “la belleza es subversiva”. Hallazgos no formales; estremecimientos. Sacudidas de reacciones propias de quien carga con un volcán interior. Con una sensibilidad bien vulnerable. Por suerte, tiene también una fe nada vulnerable. Syria Poletti.

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Cuaderno de otros nombres (1972)

Gracias por su Cuaderno... Es curioso como su poesía tiene un sabor extraordinario a Buenos Aires, a pesar de que el “contenido” no tiene nada de “color local”. La tristeza, la angustia, la búsqueda del amor, todo caracteriza la poesía actual, pero su poesía tiene un no sé qué de cosa muy argentina. [...] Muy cordialmente, Frank Dauster.

[...] Extrae los temas de una diversidad de experiencias cotidianas, que acumula durante un extensivo peregrinaje por la gente. Al mismo tiempo, la naturaleza agrega encantos a una poesía llana y sin artificios, auténtica y concisa, con una increíble capacidad de atracción para el lector. [...] Realza finalmente, la gigantesca dimensión de las cosas pequeñas. Ana María Vettorazzo, en La Capital, Rosario, Santa Fe, 1972.

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La piel del sol (1973)

La piel del sol, un bellísimo canto al amor en su desnudez esplendorosa. [...] Tiene el temblor, la magia, el poderío incontenible de la poesía. Dionisio Aymara.

Es un bellísimo poema amoroso en el cual es de admirar el justo equilibrio expresivo, que asimilando lo mejor de la corriente más avanzada de la poesía latinoamericana, mantiene la mejor esencia de nuestra tradición en cuanto a poesía amorosa. Un verdadero logro. David Escobar Galindo.

En La piel del sol, Rubén Derlis nos hace participar de una hermosa aventura de amor, en la cual se reflejan todos los elementos poéticos y los deseos de la carne y del espíritu, mérito que no es poco y que no todos los poetas pueden alcanzar sin pecar de trivialidad. Aseverar que Derlis es un poeta en el sentimiento y en la expresión no es formular ningún ditirambo. El ha elegido un tema, o le ha conmovido el espíritu; esta respuesta no la podemos dar nosotros, y el poeta lo ha convertido en una bellísima expresión nada sencilla, transmutando en la mujer todos los símbolos de la tierra y el cielo. Allí está la América que ama, la tierra que sueña, la mujer que lo ilusiona, el hijo que alumbra el horizonte, la sangre que bulle y el tormento del estado amoroso, porque para Derlis la mujer representa todas esas contingencias. [...] L. G., en La Prensa, Buenos Aires, 1973.

[...] Derlis es un poeta de voz caudalosa, imaginativo, dueño de imágenes líricas que se extienden y multiplican a través de sus poemas. Canta a una mujer, a esa mujer que es única y que, sin embargo, representa a la mujer, tal como cada hombre la presiente y la siente. La pasión que se desprende de estos poemas impregna La piel del sol. [...]. Clara Bottini, en Clarín, Bs. As., 1973.

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Siempre presente y otros poemas (1974)

Los momentos más significativos de la vida, así como los aparentemente más nimios, adquieren calidad poética en los momentos en que este autor sabe dominar, a través de la forma, la voz destemplada por el enojo, o el gesto lleno de ira. Conocemos el largo trabajo que impone al artista el dar a través de los materiales, el modo de expresar cualquiera, hasta las más contrapuestas circunstancias apretadas en el marco de la vida, individual o ajena: de su elaboración depende la consistencia, la coherencia y la belleza que los hace perdurables. [...] Poemas como “Mi amigo el viento” tienen el sello feliz de lo mucho logrado con poco, verdadera ley del arte; el sello de la claridad y del énfasis lírico, a través de lo repetitivo aquí, de lo elusivo allá: “El viento es... el primer alquimista de la tierra. / El canto anónimo de la juglaría. / El gran despeinador del fuego.” De igual manera, pequeños poemas de apenas dos o tres líneas, saben condensar excelentemente lo efusivo, en un modo ya más tenso, ya más tierno: “Claridad, poeta, claridad: / turbia es el agua estancada”. Elena  F. Poggi, en Biblioteca de Radio Nacional, Buenos Aires, 1974. 

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Mecanismo de olvido (1976)

Si el Dante fue amante y memorioso de su Beatriz, usted, con ciertas aproximaciones, reitera la historia, esa historia que, de verdad, nunca se repite, sino que continúa, porque es la relación del amor, de su fuego inacabable. En este libro [...] encuentra usted la senda de la auténtica poesía, la permanente, la que no vuela como una mariposa alrededor de la luz casual sino que se levanta hacia el cielo igual que un pájaro migratorio. Sobre todo por la calidez comunicativa, la autenticidad, reitero, que encierra la ternura que se recoge debajo  de su aparente piel de canto. Digo que un hombre se confiesa en Mecanismo de olvido, y ese hombre somos todos los hombres. Luis Ricardo Furlan.

[...] Es una hermosa elegía, varonilmente sentimental, sin concesiones ni excesos. Me gusta tu actitud estética, que no teme a la anécdota ni a la claridad; para mí, eso es un signo de fortaleza de espíritu y de rico talento, frente a tanto versificador que oculta su pobreza en la ironía desdeñosa de renglones vacíos e indescifrables, decididamente cursis; ésa es la palabra a la que ellos temen. Alejandro Nicotra.

[...] Y es poesía, poesía auténtica, poesía decidora y aun más sugeridora de cosas, de estados de ánimo, de pequeñas felicidades, la que nos entrega este poemario que no defrauda en ningún momento y en el que el poeta ha puesto, más allá del oficio y de la técnica, que por supuesto no desconoce (incluso cuando se trata, como es el caso, de la libre versificación, pampa difícil de transitar), ese vago y cierto y claro resplandor de la belleza. Poesía donde el sentimiento se expresa con un nuevo vocabulario y el poeta, para trasladar al lector a su estado de espíritu, apela a lo cotidiano, a las pequeñas cosas y los pequeños hechos que conforman todo el mundo. Aquí están –y quizás no pueda citarse un poema mejor que otro– las “tristezas, alegrías, partidas y reencuentros, / de aquellos años nuestros, tan lejanos”. Una poesía sencilla pero profunda; una poesía directa, donde lo diario se transfigura y ciertas expresiones, ciertas imágenes, se aquerencian en el ánimo mismo de quien lee. Un nuevo ejemplo de Derlis, que, como muchos suyos anteriores, une hondamente, auténticamente, la poesía y la vida. L. S., en Clarín, Bs. As., 1977.

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Junio de lluvias (1976)

Los versos de Alceo, acápite que preside la obra, definen a ésta; el poeta conoce el amor, lo admite como una condena, una mortificación. Y a sus avatares, como una suerte de fatalismo, de diabólico hechizo, de mágica cuestión. [...] La poesía de R. D. en Junio de lluvias, se expone como reclamo, como exigencia, al fin, la legítima solicitud de un espacio mínimo inviolable donde todo el amor pueda expresarse en la toda libertad. Si es cierto que pocos ámbitos han sido tan frecuentados como el aquí tratado, no menos cierto es que aquí aparece vertido al ritmo de nuestra pulsación, al código de nuestro entendimiento, con todo el asombro del descubrimiento y la revelación. R. D. elige –con gran felicidad– el rescate de un verbo cotidiano descifrador de sentimientos afines a todos, el uso de un idioma desacralizador, descongelador de elocuencias y vencedor de fingidas solemnidades. [...] En Junio de lluvias vive, ardorosa y apasionadamente, el amor; el amor de aquí, de hoy, terrenal, ciudadano, cruel y generoso, grande y mezquino, claro y brumoso, en franca competencia con el poder creativo de R.D., un ejemplo de prodigalidad, riqueza y comunicación. Marcos Silber

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La casa del poeta (1978)

[...] Me encontré con su libro La casa del poeta. Realmente me encantó. Lo leí de golpe, y de golpe también ¡tuve deseos de todo! Le he encontrado cosas secretas, cosas de uno, puede ser que sea eso, precisamente, lo que más me sobrecogió. Fuerza, imagen, y la palabra justa y libre, inventada para cada instante. Los “Amores” son realmente joyas. Como también los “Soles”, y más y más. Me gustaría, si en alguna oportunidad pudiéramos, hacer algo conjunto. No le digo que lo felicito, sino que además le digo gracias, gracias por transitar el ámbito de la poesía. Con el cariño de siempre. Mane Bernardo.

[...] Vital, casi obsesiva, esta nueva producción del joven pero experimentado creador argentino (lleva ya más de veinte trabajos publicados) y es otra muestra de su capacidad para descubrir y revelar –en el sentido más poético pero también lúcido de la palabra– los múltiples rincones de la realidad. [...] La casa del poeta, desde una perspectiva crítica, acaso admita algunos altibajos. Pero en forma casi abrumadora se impone ese poder que tiene Derlis (es notoria su rica gama de conocimientos sobre autores nacionales y extranjeros, lo que le posibilita aprovechar inteligentes citas) para convertir sus versos en algo decididamente humano, que hasta le permite, como dice en “Reto”: “así entraré a la muerte, sin concesiones, / pero un mano a mano”.  J. G., en Clarín, Buenos Aires., 1978.

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Mandato de Violante (1980)

Aún quedan poetas parecidos a aquellos viejos inmigrantes que conocí en mi infancia. Nunca supe de dónde les nacía tanta fuerza ni de qué magia se valían para hacerse de ladrillos y levantar paredes que quizás no se vieran perfectas pero sí cumplían su función cabalmente: albergaban, tibiamente albergaban. Y es más: jamás supe de tormenta alguna que llegara a abatirlas, lo que habla bien de su raíz confundida con la propia tierra en donde más que erigirse, brotaban. Rubén Derlis nos recuerda a uno de esos constructores incansables, pues no bien terminamos la lectura de su último libro seguramente en alguna imprenta porteña ya se encuentren foliando las pequeñas ramas donde volcar el plomo con palabras de un próximo poemario suyo. Así nos ocurrió recientemente con este Mandato de Violante. Nuestro poeta, autor de Mecanismo de olvido, Ordenar la vida, Con humana voz, La piel del sol y La casa del poeta entre otros poemarios, celebrará sin duda este pequeño bautismo literario de llamarlo albañil de la poesía. Se lo ha ganado con justicia. Fernando Alonso.

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Boulevard Voltaire (1981)

Mi muy apreciado tocayo [...] le agradezco al máximo Boulevard Voltaire, gratísimo volumen intachable desde la cáscara al carozo, en donde reencuentro, por feliz mediación de su poesía, a nuestro París. He demorado estas líneas con la ilusión de exponerle en ellas algunos de los motivos para el encantamiento con que he disfrutado sus poemas, para contarle la emoción que he sentido leyéndolos. [...] Y no quiero tardar más en darle fe de mi sincero y jubiloso agradecimiento. [...] Cordialmente, Rubén Turi.

Un bello canto a París es el que ofrece Rubén Derlis en Boulevard Voltaire. [...] La palabra clara, precisa, del poeta, se expresa libremente, auscultando todo el encanto de la Ciudad Luz a la que pinta en su vagabundeo nocturno, sus crepúsculos junto al Sena o las desleídas hojas del otoño en las plazas. Para Derlis, no obstante, París no es sólo una ambientación geográfica; sus recuerdos se ensamblan con Buenos Aires estableciendo un paralelismo que entraña también la voz de la nostalgia. Boulevard Voltaire es un canto poético de honda y entrañable nomenclatura. L. O., en Clarín, Buenos Aires, 1981.

París con otros ojos. Libro para iniciados, sólo podrá ser comprendido  si el lector reúne los siguientes requisitos: a) haber vivido en París; b) querer entrañablemente a esa ciudad; c) conocer bastante de literatura, de pintura, de historia de Francia. Sin embargo, a pesar de las dificultades, los no iniciados podrán gozar de los bellos pasajes líricos no referenciales que hay en el poemario de Derlis. Los otros, lo disfrutarán plenamente. Por sus páginas desfilan ciertos barrios, ciertas plazoletas, ciertas calles y el inevitable Sena. O mejor dicho, los ecos que despiertan en el alma de un buen poeta. Si alguien le tradujera estos versos al viejo Aragón, paisano de París, estoy seguro de que los aprobaría. Ya él lo dijo en su “Noche del ‘42”: “Quien nunca ha visto amanecer sobre el Sena / ignora lo que se llama desgarramiento”. Julio Ardiles Gray, en revista Convicción, Buenos Aires, 1981.

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Ella es un recuerdo del mar (1985)

En este volumen, Derlis [...] conforma un libro cuya temática es el amor, la que desarrolla con el vigor y la sensualidad necesarias para internarse en ese mundo subjetivo, muy cantado por los poetas pero siempre vigente. En estrofas breves, de un fino lirismo, este poeta de extensa trayectoria nos presenta un volumen enriquecedor. Roberto Díaz.

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Agua libre (1986)

Acabo de tomar café en todos los bares de sus poemas. Y saborear unos y otros. Porque traducen fielmente un escorzo de la vida porteña. Y se degusta en ella el heroísmo diario de sobrellevarla mediante la levitación poética. [...] Compulso también que abjura de hermetismos y esoterismos, propios de tirifilos literarios. [...] He disfrutado muchos poemas y en especial  los del capítulo cuarto  –el mejor del volumen–. Y entre los renglones en forma versicular, endecasílabos y alejandrinos, perfectamente escandidos, como : “Cuando el viento sacude un cielo tembloroso”, y “Algún adolescente se inmola en un poema”. Lo cual me revela la persistencia de un sentido armónico en la estructura del lirismo. Poesía ciudadana, contaminada con la angustia y melancolía que agobia la cotidianidad  –oh “el exilio de los besos de antes”–. Sinceramente le digo la impregnación que he experimentado leyéndolo. Un abrazo de Juan Filloy.

A un poema de este volumen

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Homo porteñensis (1993)

Después de un año y luego de unas ausencias, encuentro entre mis papeles y libros, el suyo, Homo porteñensis, que tuvo la gentileza de enviarme. Disculpe la demora en contestarle. Me gustaron sus versos, en los que encuentro imágenes muy acertadas (“una esquina que me desviste el alma”; “el sol tajea el asfalto...”) y al final, en Versos de Juan Vedera, un empleo justo de los lunfardismos. Pero lo que más me ha impresionado, el profundo sentimiento por Buenos Aires, que empapa todos sus versos y los hace tiernos a pesar de las asperezas urbanas. Hay en usted un amor urbano, una pasión ciudadana que llega de inmediato al lector. Gracias mil por su envío y a sus órdenes. Muy afectuosamente, Mario E. Teruggi.

[...] Esta obra es una muestra de su adultez, un pecado calendario que ya ha pagado con la eliminación de sus sueños en colores. Como dijo Valery, a Derlis lo orienta sólo ese primer verso que le indica la magia, que le sugieren los dioses o que se le escapa de su interior. Lo demás fluye y pasa inmediatamente al dominio popular. Precisamente esa abstracta noción de lo popular que intenta evadir todo poeta con la intención final del anonimato, es lo que logró Rubén Derlis hace tres décadas, sin pretenderlo, sin buscarlo, sin que lo moviera un rédito extraño a la misma poesía. Como sucede en los mejores poetas de esta ciudad de humedad y nostalgia, jamás le fue ajeno el alma del tango. Probablemente Derlis no lo advierta, pero en cada una de sus obras subyace un tango perfecto, una historia imaginada para ser contada y no cantada pero que merecería el destino final de un silbido trasnochado. En  toda la obra [...]  late un amor a Buenos Aires que va mucho más allá del comúnmente declarado. [...] Los versos se hicieron para gozar, más allá de cualquier presentimiento. El primero de Derlis –vaya a saber cuál– lo facilitó su dios; a él cabe la responsabilidad del resto. Jorge Göttling.

A un poema de este libro

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Viento Solar (1997)

Derlis es un destino de palabra. Esto lo convalidan todos los poemas a contraluz que su Viento solar nos alcanza y envuelve como instantáneas de un cielo abigarrado. [...] Derlis impulsor, nos pone en actividad desde la primera letra. Comprime el tejido del signo, corta los versos y el equilibrio del arte alcanza el movimiento. El trayecto de la lectura es una dirección propia, demasiado justa y personal, haciendo de su poesía una convicción. Dijeron –no recuerdo las voces– que el fenómeno artístico funda el mundo en el sentido en que promueve el valor, no deteniéndose en lo particular sino en lo más particular. El denso Viento solar incita a que las palabras se asomen entre sí, se comporten como una necesidad rozada por el indicio, se erecten de sangre respirando la ambrosía y enumerando los asombros. Esta poesía es lo más particular; intercepta la idiosincrasia de las palabras profusas para lograr del Viento solar una prosodia en alta frecuencia, sonando indetenible. Juan Carlos Escalante.

Viento solar (reiterado el sol como elemento movilizador y comunicante) es a ratos bello como una mirada desde el café, o en la butaca de un cine. La magia se expresa auténtica, sin artilugios, con sencillez pero altamente purificada por la ventura del idioma. No es este, generalmente, el camino que eligen otros versificadores más jóvenes (o no) y en ellos la poesía, entonces, se vuelve no milagro sino hermetismo banal. [...] Te felicito por esta muestra “agregada” a tu ya valiosa producción poética. Los que crean leer un monólogo, acaso no adviertan el hilo comunicante, la voz que se aproxima al prójimo; ese prójimo, me parece, en el que nos reflejamos y al que hacemos cautivos de nuestros encuentros y desencuentros. [...] Un sincero abrazo de Luis Ricardo Furlan.

Poemas de originales hallazgos, de asociaciones verbales sugestivas, de intuiciones, belleza y rigor que se mantienen durante toda la obra. Lenguaje claro, rico, pleno de recurrencias temáticas, poesía con mucha fuerza creativa, versos despojados, plenos de sugerencias. [...] Indagaciones, reflexiones, atisbar desde una ventana, una puerta entreabierta, entre las sombras... La estrategia del poeta, pasar sin ser descubierto, pasar siendo palabra, siendo palabra, porque: “...a veces escribe en nosotros con latidos / con sangre / como en un cuaderno palpitante.” Elena Cabrejas.

A un poema de este poemario

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Domingo panadero (1999)

Quizá la única manera de enfrentar la ausencia de un padre sea la renovada visita a la memoria. Llamar a las puertas de la memoria, de esa misma y única memoria que a la vez se nombra como si fuera otra; nueva memoria otra que joven y vieja, única y dual, se mantiene en el tiempo. Llamar a las puertas de la memoria hiriente, salvaje; a las puertas de ella, impúdica y despreciable memoria cuando llegaba a cada minuto, a cada paso vacilante o centímetro de aire atragantado de quien se queda sobre esta tierra a esperar que los días transcurran. Llamar a las puertas de la maldita que ayer llegaba para regodearse con la ausencia cierta de los primeros momentos del haber tenido que finirla. Decía que, quizá en la visita memoriosa, se halle la fuente de la que fluye la extraña tranquilidad del recuerdo; la paz o la casi paz de espíritu a que un hombre llega con un certero puñado de días en el bolsillo, así el gran atenuante del tiempo descuenta puteadas y dolor. ¿Cuánto tiempo precisó Rubén Derlis para llegar a su Domingo Panadero?, no lo sé; pero necesitó del tiempo para escribir Mi padre, mi mejor, el buen obrero, / mi Domingo del alma panadero. La otra memoria, la nueva, la única, fue la que permitió al poeta fijar la mañana del 11 de abril del 82, Cayó sobre el jardín; su última almohada / fue de césped y otoño. Abril llegaba / con lentitud de herrumbre, marchitaba / una brisa de estío demorada. Entonces el poeta revisitó al padre; así el poeta de la palabra simple y contundente, el poeta de las palabras cotidianas de humanidades y de barrios se mezclaba en las señales de la pura imagen; como en tarde de cinematógrafo abierto en cada página de su libro, Derlis invita a mirar, Te lavabas en el piletón frío del patio ajedrezado, / mientras en el Primus borbotaba el agua / del té que apurarías sincronizando con el 48 que traqueteaba cerca; / luego un beso en mi frente, cálido en su humedad, / otro a mi madre y un íntimo susurro; / después el chirriar del picaporte que mal cuidaba nuestra pieza única / y más lejano, el silencioso ruido que hacen los que se alejan, / al cerrar el zaguán que abría la madrugada. El poeta mueve la lapicera y encuadra desde otro ángulo, Todos los jubilados se parecen en la buseca gorda de los mediodías; / vos también tenías algo de ellos: en el vino tinto, / el toscano mordido y cenizas sobre el pantalón, / en los diálogos surrealistas / con que pretenden arreglar el mundo, / mientras el tiempo roe los minutos / que escurren hacia la alcantarilla. Rubén Derlis no mueve la lapicera en falso, su escritura es prueba de identidad; no recuerdo haber leído una confesión cercana a la que ahora consigno, Papá: agonizo en las panaderías, / las medialunas me llenan de tristeza, / te siento en el pan del mediodía / que mi hijo desgrana con placer sobre la mesa. Buenos Aires tiene en Derlis a un poeta que no necesita del artificio, de las máscaras, de extraños y fríos mecanismos de construcción, de brillantes y profundas disquisiciones filosóficas, al poeta le alcanza con los días y la memoria, la notable memoria, la vieja torturadora cuando el llanto, y después, la joven que es capaz de ofrecer infinidad de pequeñas maravillas, No sé si alguna vez garabateaste versos, / pero me enseñaste a deletrear lo humano / cuando armaste un poema familiar y fraterno / en una humilde pieza donde poco teníamos / pero bastaba para tenerlo todo. Todo hombre es deudor, todo hombre será deudor, de sus historias y de las existencias amadas, cercanas, afines; todo hombre será deudor de la maravilla del recuerdo, Domingo Panadero de Rubén Derlis es prueba de ello, Te debo desde el comienzo de la alegría / hasta el vacío de la pena / porque en el medio está mi vida. / Sólo mi muerte –viejo– no entrará en esta deuda. Edgardo Lois.

A un poema de este libro

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